Al rescate del comentarista de fútbol

Falcao acaba de anotar en el partido. Sea cual sea la forma, el público está loco: saltan, gritan y bailan. A la par, está el narrador, casi sin oxígeno, durante casi 2 minutos cantando: ¡GOOL!.

Al fin termina la narración, entra la intervención del comentarista y éste se despacha en una serie de conceptos técnicos y tácticos que dejan a los oyentes y televidentes con una expresión confusa pues no entienden: ellos solo se quedaron con el remate de pierna derecha y el movimiento de la red.

Es bien sabido que ahora el estilo ha mutado, los comentaristas se especializan en conceptos de juego, pero eso deberían dejarlo para programas destinados a personas que entiendan más las fases del juego. Durante el partido, el fanático solo quiere disfrutar del partido, celebrar los goles y las jugadas bonitas. Decía el periodista argentino Dante Panzeri que “el fútbol se inventó para liberar al hombre de sus padecimientos de lunes a sábado, no para agregarle uno más“.

Hoy en día, el comentarista pretende ser un técnico y enseñarle al jugador como hacer las cosas. Se han convertido en los villanos: atacando a futbolistas, quieren volverse los protagonistas del juego, dañan su imagen, olvidan que son personas con familias que, después de los 90 minutos, deben llegar a sus casas, con una expresión de felicidad o de tristeza, y que no quieren que allí se siga hablando mal de ellos, para eso está su entrenador que corregirá los errores en los entrenamientos.

“Yo como comentarista no me puedo transformar en mas importante que el juego; al programa que hago entre semana si lo puedo manipular mejor, pero en transmisión de partidos trato de hacer piezas más cortas, mas fragmentadas, buscar análisis, no extenderme tanto en un monologo” expresa Juan Pablo Varsky, que lo hace a la perfección: entiende de aspectos tácticos y técnicos, pero su mayor virtud es llevar eso a un lenguaje que todos los fanáticos del fútbol puedan entender.

El prototipo actual de comentarista tiene un buen título y prestigio, trata de ser polémico diciendo cosas que no tienen sentido. En muchas ocasiones son parciales, se convierten en jueces que quieren impartir la justicia dentro y fuera del vestuario, un aspecto que no les corresponde. Esta forma de operar se ha venido presentando por las relaciones comerciales que tienen los grandes medios, en estas situaciones es donde se puede probar la ética profesional de los periodistas. “Lo que debiera ser la constante relación de todos los medios de comunicación con el aparato estatal es hoy un peligroso camino hacia una prensa censurada y cercenada, en lo económico y en lo judicial” expresa Iván Mejía, en su última columna en el Diario El Espectador. Actos que llevan a casos lamentables, que son el pan de cada día en nuestro fútbol, como la salida de técnicos y jugadores por intereses personales de terceros y las presiones externas promovidas por periodistas y comentaristas.

Obviamente nadie está exonerado de cometer errores, más aún en el fútbol donde cualquier cosa puede pasar: desde el olvido de los uniformes de un utilero hasta el fallo del penalti que define un campeonato. Todos somos seres erráticos.

Pero se ha olvidado el principal objetivo de un comentarista deportivo: analizar, procesar y resaltar el talento. Al respecto, algunas palabras de Hernán Peláez: “el comentario debe rescatar lo talentoso, lo bonito, lo que nutre el fútbol, los comentaristas deportivos estamos para destacar lo bueno de cada jugada”.

Partiendo de estas palabras, no quiere decir que debemos, únicamente, verle el lado bonito a todo lo que pasa en un partido, no vamos a tolerar una patada en el pecho o una tijera por la espalda. Es tratar de utilizar el lenguaje más breve y sencillo para el espectador. Estamos para aclarar las jugadas que son dudosas, para gustar y mantener al público con una anécdota, una vieja gloria, con un recuerdo. La academia les crea a los periodistas-comentaristas un imaginario de que pueden leer el juego a la perfección, que pueden impartir ordenes sin haber tocado un balón.

Diego Latorre, analista y periodista deportivo argentino, recalca: “muchos comunicadores no están preparados para analizar. La coartada es que ‘estudiaron’, pero el fútbol no está en los libros”. Situaciones que se desprenden cuando el propósito del periodista deportivo se limita meramente al aspecto comercial, como le gusta verse en televisión y como hace parte de un show mediático para entretener, no puede nutrir los espacios deportivos para potenciar la discusión sobre el fútbol del país.

Podría deberse a la inseguridad o falta de preparación el hecho de mencionar tan seguido las famosas estadísticas. Se preocupan por saber cuanta distancia corre el jugador, por enfatizar en las pantallas que indican las zonas de calor donde mas se desempeñó, pero, ¿donde están las ideas que enseñan el porqué se hacen movimientos rápidos?, ¿por qué se hace una figura de diamante para tener opción de pase? ¿por qué se hacen situaciones reales en los entrenamientos que después se reflejan en los partidos?.

Dejemos atrás tanta confusión con el pizarrón, las flechas, las tácticas y la palabrería. Los comentaristas deben prepararse para transmitir el fútbol a los fanáticos mediante un análisis hecho de la manera mas sencilla posible, así el fútbol crece y el fanático valora mas la calidad del juego. Por eso, yo les digo: el fútbol hay que sentirlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *