El D10S más humano

Foto: Diario Sport

Elogio a Maradona

1.

“Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean’’ Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo.

A los dioses a lo largo de la historia se les ha profesado devoción, respeto, oraciones, canciones, poemas, miedo, entre otras actividades y emociones; Diego no tiene que ser la excepción, a Diego se le debe orar haciendo una gambeta: la plegaria más justa para él debe ser una rabona con zurda para dejarla en la cabeza del 9 para que marque el gol; a Diego se le tienen que dedicar cien mil canciones más –Por el estilo de ”La mano de dios” de Rodrigo o ¿Qué es Dios? de Las Pastillas del Abuelo.- A Diego debemos honrarlo sudando la camiseta así sea por una coca cola o por la Copa Libertadores. Cabe recalcar que en esta religión -el fútbol- si no juegas por pretextos climatológicos, eres un pecador y que la pelota no se puede devolver con la mano sino que con el pie ¿por qué? porque es palabra de dios, palabra de Maradona.

De 'Los Cebollitas' a 'La mano de dios': el mito de Diego Maradona, en fotos

El ídolo del pueblo
Lanús, Buenos Aires, República Argentina. El 30 de octubre de 1960 nacía en un humilde hogar el Gran Diego Armando Maradona, sus padres fueron Dalma ‘’La Tota’’ Salvadora Franco y Diego ‘Chitoro’ Maradona. A corta edad la familia de Diego se mudó a Villa Fiorito, Allí comenzó su romance interminable con la pelota, su padre -quien sería su primer entrenador en el Estrella Roja- fue su fiel consejero y su madre, su eje sobre la tierra.

La vida futbolística de Diego fue muy rápida: entró a los ‘’Cebollitas’’ de 8 años y de ahí dio un paso en alto para llegar al equipo de la Paternal, el Club Atlético Argentinos Juniors, ese club donde solo nacen cracks vio cómo se formaba a un Maradona líder y goleador. De ahí dio el salto al barrio de la Boca, en 1981 fue campeón con el Xeneize, que no lo retuvo y de inmediato lo envió al viejo continente.

El FC Barcelona lo recibió con mucho augurio, Diego ya venía de ser campeón del mundo con la Selección Argentina sub-20 en Tokio 1979, dirigido por Menotti y acompañado en el ataque con Ramón Díaz para completar, y de ser elegido el mejor jugador de la Copa… Ya brillaba el ‘Pibe de oro’. Con el Barcelona fue campeón tres veces, (Copa del rey, Supercopa y Copa de la Liga de España), pero múltiples lesiones, entre ellas una hepatitis y hasta una fractura de tobillo lo alejaron de Cataluña.

Desterrado, fue a parar al sur de Italia. Sí, este héroe que siempre estuvo condenado a jugar con y para los pobres volvía a su lugar en el mundo. Los napolitanos lo recibieron en el estadio San Paolo como si fuera Hércules. Para ellos Maradona era el héroe que llegaría para librar sus batallas y triunfar ante los poderosos clubes del norte de Italia. En el Nápoles fue timonel, capitán, mago, líder y goleador del club. Esas características del Diego sirvieron para que el club del sur fuera un equipo competitivo y lo mejor, para se convirtiera en un equipo campeón. En 1987 ganó la Serie A y la Copa de Italia; en 1988-1989 logró la gloria máxima, ganó la copa de la UEFA y en 1990 volvería a quedarse con la serie A y con la Supercopa de Italia. Números demasiado buenos para un club tan humilde que supo servirse del liderazgo del astro argentino para llegar a la cima del fútbol, a la gloria eterna.

”Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja al tercero y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0.” Victor Hugo Morales, narrador uruguayo, en el Mundial de México 86.

24 de junio de 1986, Estadio Azteca, Ciudad de México. Todo héroe tiene una hazaña que lo convierte en Dios y la de Diego fue la Batalla del Azteca. 114.000 espectadores en el calor del Distrito Federal vieron como el capitán argentino humillaba y ridiculizaba a los ingleses. Primero con un gol sacado de la manga de la mano izquierda, o como dijo él, –de la Mano de ‘’Dios’’-. Y luego, como si fuera poco, el barrilete cósmico, el gol del siglo, el gol más hermoso de la historia de los mundiales, dejando desparramados no solo a 5 jugadores, sino al orgullo de todo un país. Maradona una vez se refirió así mismo como un hombre popular, no un hombre público, es por ello que en esta batalla demostró la capacidad que tenía de hacer personal el dolor ajeno, ese dolor de las madres que vieron caer a sus hijos en Malvinas, aquellas madres que lloraban la desaparición de sus hijos en la Plaza de Mayo, con cada enganche del diez y con ese golazo a Inglaterra recuperaron el honor y la gloria que sus hijos habían perdido en batalla. Maradona aquella vez inmortalizó la celeste y blanca en el césped del Azteca y le dejó claro a la Reina Isabel que quizá en Malvinas se perdió un espacio geográfico, pero en México, los ingleses perdieron el honor.

El gol del siglo.

Maradona y un equipazo ganaron la Copa del Mundo de México 1986. Sin grandes nombres, pero con un excelente planteamiento del doctor Carlos Salvador Bilardo, vencieron 3 por 2 al seleccionado de Alemania Federal, aquella tarde del 29 de junio de 1986 con goles de José Luis ‘Tata’ Brown 26, de Jorge Valdano al 53 y de Jorge Burruchaga al minuto 83, tras un pase de antología de Diego para salir campeones. Aquella vez el héroe había cumplido su cometido, el pibe de Villa Fiorito había ganado una Copa Mundial para su celeste y blanca. Siendo más que el capitán de la escuadra, el jefe y el organizador de la orquesta, Maradona se llevó todas las miradas, fue el mejor jugador de la copa, el héroe de la nación y del pueblo argentino. Tanta fue la gloria que lo inflamó en deseo y lujuria al dios más humano a tal punto que lo hizo caer en un abismo sin salida, del cual no vamos hablar.

Para 1990 Diego repitió la hazaña de jugar una final del mundo para su selección – Ya había jugado la final de 1979 en Tokio con la Sub 20 y México 1986 con la Selección de Mayores. Esta vez sería en Italia, contra el mismo rival al que ya le había ganado la final de México. La albiceleste -esta vez de Azul- jugó en el Estadio Olímpico de Roma el 8 de julio de 1990, Maradona perdió esa final con un insólito penal convertido por Andreas Brehme. La Copa del Mundo fue para los teutones y el Diego nos dejó una postal para la memoria: con el tobillo roto, con las rodillas desgastadas y con lagrimas de frustración tras ver como la FIFA le había arrebatado la posibilidad de ser campeón del mundo por segunda vez, nos mostraba una vez más que era humano, que así lo que hiciera fuera sobre natural, los dioses o ladrones del fútbol no eran justos con él ni con la selección ni con el deporte.

Años más tarde la miseria llegaría a la AFA, la humillante goleada 5 por 0 ante Colombia en el Monumental y la vergüenza de jugar el repechaje a la copa de 1994 hicieron que Maradona se pusiera la celeste y blanca una vez más. Ante Australia, en Sídney y Núñez demostraría una vez más su liderazgo y el amor eterno que le juró a la bandera argentina. Con un gol de Gabriel Batistuta tras centro de Diego, la Argentina iría al Mundial de Estados Unidos 1994. La última vez que Diego competiría a nivel oficial vistiendo la camiseta de la selección.

En USA 1994 el Diego estaba en llamas, era más líder que nunca, junto a Simeone, Caniggia, Batistuta, Ortega, Goycochea , Ruggeri y Redondo, iban por la tercera final consecutiva y tras el título y lograr ser tricampeones del mundo. Un excelente partido contra el seleccionado de Grecia en el debut alentaba a la gente y a los jugadores. Tres goles de Batistuta y un golazo de Diego le dieron la confianza a la Albiceleste que días más tarde, contra Nigeria, ganaría 2 a 0 con dos goles de Caniggia, uno de esos con una ”avivada’ asistencia del capitán argentino. Al terminar el partido un hecho particular, inédito e irrepetible: una enfermera ingresó al campo de juego, y se llevó de mano a Maradona. Ahí, en ese mismísimo instante, como él mismo lo mencionó ‘le cortaron las piernas‘. El dictamen arrojó que, tras el análisis en la orina de Diego, se encontró Efedrina, una sustancia que albergaban en los suplementos dietéticos que el astro argentino utilizaba en su recuperación previa al Mundial 1994. Con motivo del doping, Diego fue retirado de la Copa por decisión de la AFA tras la presión de Havelange y Blatter a Julio Grondona. En ese momento no sólo se acabó el mundial para Maradona, sino también para la selección. Días después de la expulsión de Diego, Argentina perdería 2 por 0 ante Bulgaria en la ultima fecha de fase de grupos y en octavos de final quedaría eliminada por Rumanía 3 por 2. El 25 de junio de 1994 será recordado como uno de los días más tristes para el fútbol argentino: el mayor exponente de su fútbol se retiraba de la Selección.

3.

Después de eso se dieron los viajes a Sevilla y el retorno de Diego a la argentina, Newell’s Old Boys fue el club que lo repatrió. Allí jugó 9 partidos y marcó 1 gol (en un amistoso). Su tiempo en Rosario fue muy corto, de allí pasó a Boca Juniors, el club de sus amores donde se retiró tras un Superclásico ante River con un Monumental repleto. Aquella tarde en la cancha de River estaba un Enzo Francescoli capitán de la Banda y un Román Riquelme que estaba apenas en sus primeros años en el Xeneize.

El 10 de noviembre de 2001 con una bombonera a reventar, el mejor jugador de la historia se despedida del fútbol; organizó un partido en su club, con su gente, con sus hijas, con sus amigos y con una frase inmortal. Diego Maradona nos enseñaba que el fútbol es más que un deporte, es vida, dedicación, alegría y que mientras puedas jugar, debes hacerlo, sin excusas y con total pasión.

Como buen líder, antes de despedirse de las canchas y de esta vida terrenal, Maradona nos dejó un legado y un mandamiento en el futbol. Que más allá de todo lo malo que hagas en la vida: ‘’La Pelota, la pelota no se mancha’’.

AD10S, Diego. Foto: Infobae.

Fuente Foto Principal: Diario Sport

Daniel Pedrozo Álvarez

Estudiante de Ciencia Política, Administrador en Legislación Deportiva; fiel testigo de la relación fútbol y poder popular,testigo y profeta de la magia de los antiguos 10, Maradoniano,  zurdo y en contra del fútbol moderno.

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