El juego como forma de expresión

“Todo lo que he hecho en el fútbol se reduce a una cosa: quiero jugar” cuenta Kevin de Bruyne en su texto para The Players Tribune, publicado el 15 de abril de 2019. Es cierto, sobre esa consigna se puede resumir todo lo que ha vivido el volante belga, nacido en Drongen, a lo largo de su carrera como futbolista profesional. Desde sus inicios hasta hace unos años, y con los constantes señalamientos de los que ha sido objeto por su personalidad introvertida, el volante ofensivo ha librado una contienda contra su entorno para poder demostrar de todo lo que es capaz su poderosa pegada de derecha. Su respuesta y su forma de expresarla ha sido jugando.  

Lo hizo en sus inicios, cuando la familia adoptiva que le asignó el Genk, uno de los clubes en el que se probó, le hizo saber que no quería tenerlo más en su casa porque no exteriorizaba mucho. “Por lo que eres. Dijeron que estás demasiado callado. No pueden interactuar contigo. Dijeron que eras difícil” con esas palabras su mamá le hizo saber la decisión. “Se sintió como algo tan personal. La familia nunca me dijo nada a la cara. Nunca hubo problemas. Me quedé solo en mi habitación. Nunca molesté a nadie. Se despidieron de mí como si todo estuviera bien. Y luego informaron al club que ya no me querían” relata De Bruyne.

Tras ello, el club comunicó que no le pagaría más una estadía con otra familia. Debía buscar una pensión en la ciudad para mantener su sueño de ser jugador. Mientras asimilaba la decisión, cuenta el jugador, se puso a patear una pelota contra la pared a las afueras de su casa. Su respuesta a la vida y al contexto fue determinante. “Todo va a estar bien. En dos meses, estaré en el primer equipo. Pase lo que pase, no volveré a casa como un fracasado”, esa fue su osadía.

Su idioma, por primera vez y para siempre, fue jugar al fútbol. Un viernes, en un solo tiempo, De Bruyne marcó cinco goles con las divisiones inferiores del Genk. Tras ello, subió al primer equipo y Genk decidió que volvería a subvencionarle la vivienda, con una familia adoptiva. Luego se convirtió en jugador profesional y en sus primeras cuatro temporadas con el equipo belga marcó 17 goles y fabricó 36 asistencias. Esa etapa, según su propia opinión, fue el combustible para toda su carrera.

Después Chelsea se fijó en él. Ocho millones de euros pagó el club de Abramovich por sus servicios. Lo prestó dos veces. Primero al Genk, de vuelta, y después al Werder Bremen de la Bundesliga. En su primera temporada en el fútbol alemán, De Bruyne fue el jugador de campo que más veces usó el experimentado técnico Thomas Schaaf. Los 10 goles en 33 partidos que marcó el belga hicieron que José Mourinho pusiera los ojos en él y lo trajera de regreso a Stanford Bridge. Un mensaje de texto del portugués le confirmó a de Bruyne que estaba en sus planes. “Te vas a quedar. Quiero que formes parte de este equipo”. Pero la realidad una vez más le fue adversa. Solo tres partidos en la Premier League esfumaron las esperanzas de tener continuidad en el equipo blue. También sirvieron para darse cuenta que “cuando estás en desgracia en un club, ya no recibes la misma atención durante el entrenamiento. A veces es como si no existieras”. De Bruyne cuenta que debido a su corta edad no sabía cómo ponerse en forma por su propia cuenta en medio de la inactividad a la que lo sometieron.

Un día de diciembre del 2013, Mourinho lo citó en su oficina y le reprochó su bajo rendimiento con carpetas y documentos en mano. En comparación con otros como Oscar, Willian y Shürrle que jugaban ocasionalmente, los números de De Bruyne eran bajísimos. La sentencia de Mou no tardó en llegar: “Bueno, ya sabes, si Mata se va, entonces serás la quinta opción en lugar de la sexta”. Y su respuesta tampoco: “Siento que el club realmente no me quiere aquí. Quiero jugar fútbol. Prefiero que me vendas”. Nuevamente la decisión de jugar por encima de todo lo demás. Y así fue, durante el mercado de invierno de 2013 Wolfsburgo pagó el pase del belga por 21 millones de euros. Chelsea recibió más del 100% de la cifra por la que lo había comprado inicialmente.

A partir de allí comenzó un ascenso que nunca tuvo techo. En una temporada y media, Kevin se convirtió en el máximo asistente de la Bundesliga con 21 pases de gol.  En dos años, y con 73 partidos disputados, marcó 20 goles en total. Compartió equipo con el croata Iván Perisic. Había recuperado su confianza y dejó en la lista de mejores goles de la década, de la UEFA Europa League, esa volea seca que conectó, luego de un rebote de un tiro de esquina, y clavó en el ángulo del palo derecho del arquero del Lille, en la edición 2014-2015 del torneo.

Esos hechos y el despliegue de su fútbol de alto vuelo generaron el antojo del Manchester City por tenerlo dentro de sus filas. El equipo ciudadano, haciendo gala de su músculo financiero, lo pagó en 75 millones de euros. Un año después de su llegada, el City anunciaba oficialmente a Pep Guardiola como su nuevo entrenador. Se podría decir que este fue el segundo hecho más influyente en la carrera de De Bruyne, después de su salida del Chelsea. La primera charla que tuvo con el entrenador español marcó el punto de partida de lo que iba a ser su rendimiento en la Premier League con el equipo de Manchester. Pep fue contundente: “Kevin, escucha. Puedes ser, fácilmente, uno de los cinco mejores jugadores del mundo. Cinco primeros. Fácilmente.”

“Pep y yo compartimos una mentalidad similar. Para ser justos, él es aún más intenso con el fútbol que yo. Está tan, tan estresado, todo el tiempo. Por mucho estrés mental que suframos como jugadores, creo que él está bajo el doble. Porque no solo le interesa ganar. Quiere la perfección” detalla el volante belga sobre la influencia de Guardiola sobre su manera de vivir el fútbol.

Los números y la calidad de su juego se han perfeccionado. “En el juego de posición-ubicación quizás Kevin de Bruyne sea el mejor interior del mundo. Nadie lee o interpreta el juego con tanta clarividencia ni encuentra los espacios interiores con tanta facilidad, entre líneas y en el intervalo entre el central y el lateral, como lo hace él”, escribe la futbolista española Verónica Boquete en El País de España.

Desde el entorno personal de Guardiola también alaban la funcionalidad del juego de De Bruyne. “De doble pivote ha jugado bien; de extremo ha jugado bien, estando abierto en la derecha, y en la izquierda yendo hacia adentro; de ocho ha jugado bien; de diez ha jugado bien. Técnicamente es muy bueno, es muy generoso en el campo, excepcional a balón parado. Y muy inteligente: en el Bernabéu de falso nueve lo hizo muy bien. Es joven, tiene mucha llegada, es el jugador que más asistencias da cada temporada. Nunca se queja” explicó Domènec Torrent, ex asistente de Pep en el City entre 2016 y 2018, y actual entrenador de Flamengo, en diálogo con El País. El mismo Guardiola ha alabado sus altísimas condiciones de manera categórica: “De Bruyne es uno de los mejores futbolistas que he entrenado. Messi es una cosa aparte. Pero después de Messi, entre ellos está él”.

Construyó grandes sociedades de juego alrededor suyo, con David Silva se entendió a la perfección y ahora lo está haciendo con Raheem Sterling. Fue el esqueleto en el ataque de los dos campeonatos de Premier que consiguió el City (2017-2018) y sus registros mejoran a un ritmo galopante. El Sindicato de jugadores de la Premier (PFA) lo escogió como el mejor jugador de la temporada 2019-2020. Ganó el premio al Creador del Juego de la Premier pasada con 20 pases de gol, igualando el récord de 2003 que ostentaba Thierry Henry con el Arsenal. El City ha sido el eslabón superior de su carrera, de los 105 goles totales que ha marcado, 58 los hizo con el equipo ciudadano y de las 174 asistencias que ha generado en sus doce años de carrera, 89 las ha generado en el equipo celeste de Manchester.

Kevin se convirtió en el primer jugador que logra hacer 15 o más pases de gol en tres temporadas diferentes de la Premier League, y en el jugador que más rápido llegó a las 50 asistencias en la historia del fútbol inglés.

De Bruyne posee uno de los mejores golpeos de balón del fútbol de élite en la actualidad. Ha perfeccionado su tiro con la combinación de sequedad en el golpe con la precisión en el punto de mira. Además, ha aprovechado esa virtud para convertirse en uno de los volantes con mayor precisión en el pase. Lo hace en una liga eminentemente veloz y en la que el acierto en las asistencias son un valor necesario para poder competir. Su precisión le sienta muy bien a un equipo que promueve el juego de toque. Hoy por hoy es uno de los volantes más completos que tiene el fútbol mundial. Con el aliciente de la belleza, la elegancia y la inteligencia de su estilo: verlo jugar es un deleite que, según Boquete, tiene rasgos zidaneanos. “Su posición corporal acelera el juego, siempre bien orientado hacia dónde va a dar continuidad o hacia donde tiene que proteger, y eso le dota de una elegancia zidaniana memorable” sostiene la española.

De Bruyne mantiene una línea de conducta. La misma que después extiende en el campo de juego con regularidad y sabiduría. Ahora, bajo la batuta de Guardiola. El mismo reconoce que la filosofía Pep le ha trastocado su forma de trabajar y, por consiguiente, su manera de concebir el fútbol. “Al final, este proyecto en City es más que ganar. Se trata de una determinada forma de jugar y una filosofía general. Por eso nos levantamos todas las mañanas, por eso nos obsesionamos con tantos detalles en nuestro trabajo, por eso intentamos llevarnos al límite” revela.

Sin embargo, hay cosas que se mantienen intactas. Su respuesta al éxito es la misma que tuvo ante la adversidad: jugar, siempre jugar. Como el niño que se propuso no dejarse amilanar por el rechazo, como el joven que se plantó ante una figura mundial para poder tener continuidad o como el jugador que acapara todos los reflectores, De Bruyne sigue disfrutando como nada en el mundo el hecho de jugar al fútbol. Es su lenguaje.

Luis Carlos Proaños

Periodista por vocación. Hincha de las causas perdidas y del fútbol de antes. Como Fernando Palomo, creo que coincidir con tu subjetividad no me hace objetivo y que pensar distinto no nos convierte en enemigos. Editor general de Contragolpe.

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