Esa mancha no se borra nunca más

El Presidente‘, la serie estelar del mes de Amazon Prime Video, se estrenó el pasado jueves 4 de junio. En ella, el camaleónico actor colombiano Andrés Parra, personifica al polémico dirigente chileno Sergio Jadue, presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional de Chile entre el 2011 y el 2015.

Jadue, el real, llegó a ese puesto tras escalar posiciones a través de maniobras no del todo legítimas. Fue el presidente del directorio del club Unión La Calera en 2009 y durante su mandato el club ascendió a primera división de fútbol chileno tras 26 años. Llegó a la presidencia del máximo ente del fútbol chileno el 14 de enero de 2011 y su llegada provocó la salida de Marcelo Bielsa de la Selección Chilena, acaso el técnico más querido y más influyente en la historia de ese equipo.

Durante la gestión de Jadue al frente de la ANFP, llamativamente, Chile consiguió su primera Copa América y se convirtió, tras la adjudicación de la realización del Mundial Sub 17 en 2015, también en el tercer país en el mundo en albergar, con Japón y México, todos los mundiales de fútbol de las categorías masculinas.

Pero Jadue también fue parte de ese entramado corrupto que sacudió al mundo del fútbol, tras el anuncio en 2015 de la investigación ordenada por la fiscal de Estados Unidos, Loretta Lynch, y llevada a cabo por el servicio de inteligencia (FBI) y la División de Investigación Criminal del Servicio de Impuestos Internos (IRS-CI) por sobornos, lavado de dinero y fraude en el fútbol: el FIFAGate. Por supuesto que todo el mundo del fútbol, aglutinado en la FIFA, tuvo algo que ver en este escándalo. Pero el caso de la Conmebol resulta particularmente llamativo. Una historia de pagos, acuerdos, sobornos que terminó en egos, lloriqueos y acusaciones, de las que los tribunales estadounidenses fueron atónitos testigos.

Tras la operación policial hecha en Zurich, Suiza, que contó con la colaboración de Chuck Blazer, exvicepresidente de la FIFA quien dio todos los detalles al FBI, y que se hizo en medio de una reunión que realizaban los miembros del consejo de la FIFA en el marco de su encuentro anual, se dieron las capturas de Eugenio Figueredo, presidente en ese momento de la Federación Uruguaya de Fútbol, José María Marín, de la Confederación Brasileña de Fútbol, y Rafael Esquivel, de la Federación Venezolana de Fútbol. Tres fichas de las diez que conformaban la Conmebol cayeron en ese primer golpe. Las otras irían cayendo poco a poco como un efecto dominó.

Justamente, Sergio Jadue, quien fuera vicepresidente de la Conmebol, y Luis Bedoya, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol y también miembro del comité ejecutivo de la FIFA para ese entonces, al principio negaron sus vínculos con este escándalo.

Las acusaciones y los descubrimientos hechos por la justicia estadounidense dieron cuenta de un plan masivo de soborno pagado a los dirigentes de la CONMEBOL (Jadue de Chile, Bedoya de Colombia, Chiriboga de Ecuador, Burga de Perú, Marín de Brasil, Esquivel de Venezuela, Figueredo de Uruaguay, Napout de Paraguay, y Grondona de Argentina) para adjudicarse los derechos de televisión de las próximas cuatro versiones de la Copa América, incluyendo la edición Chile 2015, por parte de la empresa Datisa, un conglomerado conformado por las organizaciones Full Play, propiedad los hermanos argentinos Hugo y Mariano Jinkis, Torneos del argentino Alejandro Burzaco y Traffic del brasileño Jose Hawilla.

El pago de Datisa fue por un total de cien millones de dólares en 2013, entregados de la siguiente forma: tres millones al presidente de la Conmebol y a los presidentes de las asociaciones de Brasil y de Argentina; 1,5 millones a cada uno de los otros siete presidentes de las federaciones de la confederación, y 500 mil dólares, para otros once oficiales de la confederación sudamericana. Con el paso del tiempo, Bedoya y Jadue se entregaron y aceptaron colaborar con la justicia americana.

Lo que sobrevino después fue un hecho que, si no tuviera la implicación judicial, resultaría propio de una comedia patética. En medio de las tantas audiencias declaratorias a las que se sometieron los implicados en tierra yankee, sobresalen dos hechos particulares.

El primero fue el que protagonizaron Manuel Burga, expresidente de la Federación Peruana de Fútbol, y Alejandro Burzaco, titular de la empresa Torneos- expropietaria de Fox Sports Cono sur-. En plena comparecencia ante los jueces por el FIFAgate, Burga amenazó a Burzaco, con un gesto de -si te hablas te corto el pescuezo, según lo define el periodista Ezequiel Fernández Moores. Tras este momento, Burzaco se echó a llorar bajo la mirada de sorpresa de los fiscales Sam Nitze y Keith Edelman.

El segundo fue el que protagonizó Luis Bedoya, en su condición de colaborador del FBI: su debut como soplón de todo el entramado de artilujios que trazaron los ‘conmeboles’ para lavar el dinero producto de los sobornos. En diciembre de 2017, dos años después de declararse culpable, Bedoya inició su ciclo de confesiones ante los fiscales estadounidenses.

Según la declaración de Bedoya, y como lo reveló la Unidad Investigativa de El Tiempo, para lograr realizar los pagos prometidos por Datisa, “Full Play le creó a cada presidente una empresa de papel en Uruguay. La de Bedoya se llamó Flemick“.

Pero las revelaciones de Bedoya no pararon ahí, durante su comparecencia, el colombiano reveló detalles exclusivos de los manejos y los acuerdos por soborno que hacían sus colegas de Conmebol Luis Chiriboga, Carlos Chávez, Rafael Esquivel, Sergio Jadue, José María Marín, Marco Polo del Nero, Eugenio Figueredo, Ricardo Teixeira, José Luis Meiszner, Juan Ángel Napout. Los echó al agua sin titubear ni un sólo segundo. Las declaraciones sobre este último, uno de sus amigos más cercanos dentro de la Conmebol, sirvieron para implicar aún más al paraguayo expresidente de la Conmebol y ex vicepresidente de la FIFA ante la justicia.

Los detalles de Bedoya también incluyeron confidencias sobre otro paraguayo: Nicolás Leoz, fallecido expresidente de la Conmebol, uno de los más cercanos a Blatter, amigo cercano de Bedoya y con nacionalidad colombiana; y a la marca Nike que, según reveló el exdirigente, intentó sobornarlo en el 2010 para quedarse con el patrocinio de la indumentaria de la Selección Colombia.

Bedoya y Jadue, además de coincidir en su exhaustiva colaboración con el proceso, fueron inhabilitados por la FIFA para participar de cualquier actividad relacionada con el fútbol profesional de por vida.

A Bedoya y Jadue también los unen el ostracismo y el aislamiento en el que se quedaron tras efectuar sus revelaciones. Bedoya, Jadue y todos los que participaron de este proceso fueron la cara visible de un proceso cocinado con el paso del tiempo que corrompió al fútbol sudamericano.

Son los protagonistas principales de una mancha que no se va a borrar nunca más. Desde que este escándalo se reveló, el fútbol en Sudamérica nunca se verá de la misma forma. Herido bajo gravedad, el fútbol de la Conmebol continuará bajo las sospechas que este grupo de dirigentes sembró: el deporte como una organización criminal. El trasfondo de ‘El Presidente’ más allá de sus representaciones folclóricas y muchas veces exageradas, es una buena metáfora de esta realidad.

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