Ese deporte fantasma

En una de las célebres conferencias de prensa que ofrecía cuando era técnico de la Selección de Chile, Marcelo Bielsa dejó algo en claro que el fútbol era de la gente. “En el fútbol los entrenadores no somos indispensables, damos lo mismo; los dirigentes dan lo mismo; lo único que no es sustituible, desde mi óptica, son los hinchas.” sentenció el entrenador argentino.

En tiempos de pandemia, la actividad del fútbol ha vuelto progresivamente pero sin hinchas. Se trata de un fútbol fantasma en el que la ausencia de espectadores es tan notoria como lo eran antes los gritos y el aliento de las grandes hinchadas. “Fútbol sin hinchas no es nada” expresaba una bandera puesta en un estadio inglés hace unos años.

En Alemania, la primera de las ligas de élite que reactivó su fútbol, los hinchas manifestaron su descontento con los juegos a puerta cerrada. “El fútbol vive a través de sus fanáticos” rezaba una pancarta en el Millernton Stadion, puesta por los hinchas del Saint Pauli, club de la segunda división de la Bundesliga. Por su parte, en la zona sur del SGL Arena, estadio del Ausburgo, un trapo condenaba: “el fútbol sobrevivirá pero su negocio es enfermizo“. Los hinchas del Karlsruhe, de la Bundesliga B, fueron más lejos y sentenciaron en su estadio: “la pelota rueda, pero el sistema sigue enfermo“.

“El fútbol vive a través de sus fanáticos” expresaron los hinchas del St Pauli, conocidos por su vocación social.

De manera singular, los hinchas lograron manifestar su desacuerdo a través de la transmisión televisiva y el mundo se enteró que la fanaticada alemana, una de las más eufóricas del mundo y que tiene voz dentro la DFL, tenía un par de cosas para decirles a los poderosos que manejan su fútbol. Sin su presencia, los partidos resultan monótonos y poco atractivos, salvo por Haaland y su explosivo genio. Alemania es una muestra poderosa del fútbol-no fútbol que ha regresado por el afán monetario de las grandes compañías de televisión y los intereses políticos que de allí subyacen.

En Inglaterra, Sky y TB Sports, dueñas de los derechos de la mayoría de partidos de la Premier hasta 2022, han presionado a los clubes para que devuelvan el dinero de TV por no jugar en estos tiempos de coronavirus. Queda claro, como escribió Jorge Valdano en El País, que el fútbol volvió porque es necesario mover la máquina de producir dinero.

“Nuestro dinero es más importante que nuestra salud. Bundesliga a cualquier precio” afiche puesto por los hinchas a las afueras del estadio Rhein Energie del Koln.

Alemania, tan vanguardista ha propuesto ambientar los partidos a puerta cerrada con parlantes. España, según afirmó Javier Tebas, presidente de La Liga, mira con lujo de detalles estos movimientos y estas estrategias para poder replicarlos en su futuro cercano.

Es perturbador ver un partido de fútbol a puertas cerradas, en un estadio lleno de eco y aire, en vez de ruido y vida. Los rostros de los jugadores, las camisetas que visten y los movimientos que hacen son los mismos, por supuesto, pero el entorno es tan extraño, tan diferente, que hay una sensación de dislocación” escribe Rory Smith, corresponsal de deportes del New York Times en Manchester.

El juego está alterado, las dinámicas no son las mismas pero muchas ligas insisten en volver, a como dé lugar. Los hinchas, típico color de los encuentros, abanderados de la pasión y uno de los principales soportes de esta industria, han sido los únicos que no han entrado en la conversación ni han sido invitados.

Como en estos tiempos, como en esta época, el factor humano del deporte queda cada vez más relegado. Me temo que la sentencia de Menotti cada vez se va quedando sin evidencias: el fútbol ya no le pertenece a la gente, o cada vez le pertenece menos. Rusia y Serbia intentarán reactivar su fútbol con gente mientras la élite del deporte más popular del mundo sigue desplazando la importancia del jugador número 12.

Luis Carlos Proaños

Periodista por vocación. Hincha de las causas perdidas y del fútbol de antes. Como Fernando Palomo, creo que coincidir con tu subjetividad no me hace objetivo y que pensar distinto no nos convierte en enemigos. Editor general de Contragolpe.

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