La voz que nunca debe dejar de gritar

Una rodilla blanca calló la voz de Floyd. Una rodilla hizo explotar y avivar las protestas contra el racismo en el mundo. Una rodilla, como lo explicó el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, reabrió históricas heridas racistas que rondan como fantasmas en la historia de la humanidad. La muerte de George Floyd generó, como es poco habitual, una oleada de manifestaciones y protestas, en forma de repudio en el mundo del deporte.

El torbellino de las protestas hizo eco en el deporte de élite, en el fútbol poderoso. La élite de un fútbol hipermonetizado se manifestó. Los planteles profesionales del Liverpool, Chelsea, Newcastle y Borussia Dortmund se arrodillaron en protesta porque saben y sienten que algunos de sus integrantes han sido víctimas de esa lógica absurda de señalar e insultar por el color de la piel y que podrían haber sido ellos los Floyd o los Malcom X. Es la insoportable cercanía de un sistema macabro.

Jadon Sancho, Achraf Hakimi, Marcus Thuram y Weston McKennie, todos jugadores profesionales de la Bundesliga, sentaron su rechazo al racismo en medio de sus partidos de distintas maneras. Tres días después, la Federación de fútbol de Alemania comunicó que no iban a tomar medidas disciplinarias respecto a esos actos ni a los que se presenten posteriormente. Siguiendo esa línea, el fútbol inglés también anunció que aplicará el “sentido común” cada vez que los jugadores se expresen sobre este tema.

A su vez, y sorpresivamente, esta iniciativa de protesta tuvo una recepción sensata por parte de la FIFA. La controvertida organización, en cabeza de Gianni Infantino, comunicó en contra de sus propias reglas, (las cuales no permiten manifestaciones políticas dentro del campo de juego) que las asociaciones nacionales deben usar el sentido común y tener en cuenta el contexto que rodea los eventos cuando estas protestas tengan lugar. “Las recientes protestas de los jugadores durante los partidos de la Bundesliga deberían merecer un aplauso, en ningún caso una sanción” expresó Infantino.

Todo ello se dio después de que, Sanjay Bhandari, el presidente de la plataforma Kick It Out, que se define como una entidad creada para desafiar la discriminación, alentar prácticas inclusivas y trabajar por un cambio positivo, instara a los jugadores blancos a que se unan a sus compañeros de equipo negros para defender la causa antirracista.

Pocas veces el fútbol ha generado una muestra de unanimidad semejante. Pocas veces, también es preciso decirlo, una industria tan ajena a sus entornos se ha manifestado con semejante firmeza. El fútbol -cuna de amigos de dictaduras, espacio promotor de desigualdades, y ambiente utilizado en algunos casos con fines meramente lucrativos- ha logrado sentar una voz contundente frente a este eterno problema social.

Esta protesta mundial, tan necesaria, cada vez gana más adeptos en distintos sectores y grafica la realidad de un problema presente en todas las esferas de la sociedad. Jerome Boateng, jugador del Bayern Munich, le dijo al canal alemán DW, que las manifestaciones que se están viviendo “son como si el racismo fuera un cuarto oscuro y, de vez en cuando, alguien enciendiera la luz y todo se revelara“. El mundo que se despierta y se revela.

En febrero de este año, antes de que la aberrante muerte de Floyd avivara los repudios mundiales, el exjugador francés Lilian Thuram escribió en el diario El País, una misiva que se tituló Paremos ya un partido, en la que avisaba sobre la realidad del racismo en el fútbol en el viejo continente. “El fútbol europeo tiene un problema con el racismo hace muchos años. Eso es evidente. Me di cuenta cuando era niño en Francia y veía partidos. Luego me marché a Italia y también pasaba. Ahora que estoy retirado y tengo dos hijos que juegan, es lo mismo” explicaba el ex seleccionado francés.

Estamos en 2020 y el fútbol todavía no ha encontrado la solución. No parece que estemos cerca. En realidad, lo que falta es respeto para las personas negras. Si lo tuviéramos, no tardaríamos en encontrarla” finalizaba el exdefensor de 48 años.

El deporte, y el fútbol no son ajenos al racismo. Por el contario, son un escenario en el que esta ideología funesta se ha incubado con mayor ahínco. Por suerte, esta vez sus protagonistas, consientes y preocupados, han decidido no mirar para otro lado. Puede ser el mejor punto de partida posible para que la voz de protesta ya no se calle nunca más.

Luis Carlos Proaños

Periodista por vocación. Hincha de las causas perdidas y del fútbol de antes. Como Fernando Palomo, creo que coincidir con tu subjetividad no me hace objetivo y que pensar distinto no nos convierte en enemigos. Editor general de Contragolpe.

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