Las luces y las sombras del proyecto del PSG para reinar en Europa

Se llama Nasser bin Ghanim al Khelaïfi, pero es conocido mundialmente como Nasser al Khelaïfi. Nació en Doha, capital de Catar, próxima sede del Mundial de Fútbol de la FIFA. Fue tenista profesional desde 1993 hasta 2003, y su mejor puesto en el ránking ATP fue 995 en el año 2002. “Integró el equipo de Qatar en la Copa Davis, y en total disputó 43 encuentros entre 1992 y 2002.. El balance final de Al Khelaïfi fue de 12 triunfos, 31 derrotas (12-16 en dobles)” cuenta el portal Infobae. Es también el presidente de Bein Sports, una empresa de medios de comunicación catarí que tiene en su haber 22 canales de televisión, de los cuales 17 van en señal HD.

Al Khleaïfi, sin embargo, debe su reconocimiento en todo el mundo al cargo que ejerce como presidente del Paris Saint Germain, uno de los equipos finalistas en la edición 2020 de la Liga de Campeones de Europa. En 2011, el millonario empresario catarí fue la cara visible de un grupo económico catarí (Qatar Invesment Group) que compró el 70% del club francés, por unos 50 millones de euros, más una deuda aproximada a 20 millones más que pagaría en los años sucesivos.

PSG, que fue fundado en el año 1970 mediante la fusión del París FC y el Stade Saint Germanois, era propiedad de la firma Colony Capital, liderada por el empresario Sebastien Bazin, y atravesaba una crisis financiera y deportiva sin precedentes en su historia, que lo amenazó incluso con rozar el descenso. La llegada de los dineros provenientes del estado de Catar solventó los déficit que existían en el club y restituyó sus planes.

Para estructurar su proyecto deportivo, al Khelaïfi contrató al exfutbolista brasileño Leonardo Araújo como director deportivo. Su primer gran fichaje fue el del volante argentino Javier Pastore, que le costó al club 42 millones de euros. Con él, llegaron el uruguayo Diego Lugano y los franceses Jérémy Menéz, Blaise Matuidi y Kévin Gameiro. Además, contrataron al entrenador italiano Carlo Ancelotti, para que comandara el proyecto que tenía el objetivo de sumar algunos trofeos locales en su primera temporada. Sin embargo, quedaron segundos en la Ligue 1 detrás del Montpellier, y fueron eliminados de la Copa de Francia y la Copa de la Liga en las instancias de Cuartos y Octavos de Final, respectivamente.

En 2012, la firma catarí compró el 30% restante y se hizo totalmente con la propiedad del PSG. La adquisición del club francés también fue una jugada económica a varias bandas por parte del estado de Catar, que empezó con la adjudicación de la sede del Mundial 2022 que está en investigación por denuncias de soborno, para tener mayor dominio sobre intereses que rodean al deporte, pero que exceden la línea de cal.

Con la firma Bein Sports, propiedad de la familia real de Catar, los tentáculos del estado asiático fueron con todo en 2010 por los derechos de televisión de los próximos mundiales para Francia. 150 millones de euros costó la operación, que contó con la connivencia del expresidente Nicolas Sarkozy, hincha del PSG. Con eso, se quitaron del camino a la empresa Canal+, que hasta ese momento tenía bajo su propiedad esos derechos de transmisión y que podía ser una piedra en el zapato tanto para Sarkozy como para los nuevos administradores del equipo parisino.

Luego, el poderío de Catar se hizo con una parte de las acciones de la petrolera francesa Total SA en Costa de Marfíl, y con un paquete accionario importante del grupo económico francés Lagardère, dueño de la aerolínea Airbus, la editorial Salvat y, de Lagardère Media, el primer editor de revistas del mundo con 238 títulos en 36 países, “que cuenta con el 51% del negocio de medios de comunicación fuera de Francia y el 65% dentro del mercado de la Unión Europea” según reseña el portal de monitoreo de medios Infoamerica. Antes, se habían asegurado su presencia en la camiseta de uno de los clubes más populares del mundo, el Barcelona, con el patrocinio de la Qatar Foundation.

.En 2013, el club contrató a los jugadores Zlatan Ibrahimovic, David Beckham, Thiago Silva, Ezequiel Lavezzi y Marco Verrati. Luego, compró a Edinson Cavani y a Marquinhos, y un año más tarde al argentino Ángel Di María. El costo total de todas esas operaciones financieras fue de 258,9 millones de euros.

En lo deportivo, tras esa inversión catarí, empezó una hegemonía en la liga local que aún se mantiene: de las últimas 8 ligas, Paris Saint Germain ganó 7. De las últimas 5 Copas de Francia, ganó 5

A pesar de ello, el gran objetivo que se había fijado al Khleaïfi era que el PSG dominara Europa. Ha invertido más de 1.200 millones de euros en fichajes para lograrlo. En 2017, rompió el mercado de pases al pagar 220 millones de euros al Barcelona por Neymar Jr. También negoció con el Mónaco la compra de Kylian Mbappé, al que lo pagó por un total de 180 millones de euros. Estas movidas financieras fueron la causa de una investigación por parte de la UEFA. “A través de ella, el organismo que rige el fútbol europeo lo investigó por presunto incumplimiento con el Fair Play financiero haciendo figurar en sus balances inyecciones de dinero catarí como aportes de sponsors. De esta manera, el equipo se expuso en varias oportunidades a ser descalificado de las máximas competiciones continentales, enfrentar graves castigos económicos y ser prohibido de incorporar jugadores durante una determinada cantidad de temporadas” relató Infobae.

Al respecto Football Leaks, una filtración de 88 millones de documentos con información confidencial del mundo del fútbol, a través de la revista alemana Der Spiegel, reveló que Michel Platini, presidente de la UEFA en ese momento, y Gianni Infantino, presidente de FIFA, encubrieron al equipo parisino, que habría recibido 1.800 millones de euros ilegalmente por parte del estado catarí, y a través de ellos la UEFA redujo su sanción. Además, según el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, Laurent Platini, hijo de Michel, era en ese momento el director europeo del Fondo Soberano de Inversión (QIA), máximo accionista del PSG. Un claro conflicto de intereses del que Platini padre no hizo mención en ningún momento.

Sólo hasta este 2020, el club parisino logró meterse, por primera vez en su historia, en una final de Liga de Campeones. Las tres temporadas anteriores fue eliminado en de octavos de final de manera consecutiva: Real Madrid, Barcelona y Manchester United fueron los verdugos. Por el banquillo pasaron figuras de talla continental como Unai Emeri y Laurent Blanc, hasta que el director técnico alemán Thomas Tuchel, contratado para ser el gestor de un plantel hiperpoderoso que según Transfermarket vale 801,45 millones de euros, logró encontrar la justa medida en el estilo de un equipo que se inunda de talento. Ahora tendrá que afrontar el reto de vencer al siempre poderoso Bayern Munich.

Comandado en el campo por Neymar, este PSG finalista logra aglutinar en su fútbol la sorpresa que proviene del talento con el despliegue atlético de jugadores ultraveloces. El líder brasileño ha asumido su rol de protagonista principal para llevar al equipo parisino a escribir su historia en la competencia de clubes más importante del mundo. En la búsqueda de su consagración personal, por la que salió prematuramente del Barcelona, el delantero brasileño ha desplegado en el mini torneo de Lisboa todo el fútbol de artista que es capaz de imaginar.

Sea cuál sea el resultado de la final de esta competición, el modelo deportivo del Paris Saint Germain es la encarnación personal del cambio en el manejo de los clubes de fútbol que están en la élite en la actualidad. Tres factores destacan en ese cambio: poder, dinero e influencia política. El fútbol, en todo caso, es una buena excusa para otros fines menos sociales. El juego es la mejor fachada, y acaso la más popular. “Reconvertido con dinero de Qatar, el club-Estado parisino es el nuevo poder económico del fútbol” así lo explica y lo resume Fernández Moores.

Luis Carlos Proaños

Periodista por vocación. Hincha de las causas perdidas y del fútbol de antes. Como Fernando Palomo, creo que coincidir con tu subjetividad no me hace objetivo y que pensar distinto no nos convierte en enemigos. Editor general de Contragolpe.

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