Millonarios y una idea de difícil consolidación

Tras este arranque difícil para el ciclo dirigido por Alberto Gamero, se vuelve a poner la mesa la discusión sobre el modelo de equipo que se ha construido en los últimos años y la conveniencia deportiva del mismo.

Millonarios ha apostado, aproximadamente desde 2014, por hacer una inversión mayoritaria en contratar técnicos de jerarquía y renombre. Antes, con una línea de técnicos extranjeros –Juan Manuel Lillo, Rubén Israel, Ricardo Lunari, Diego Cocca y Miguel Ángel Russo– que dejó en las estanterías del club dos títulos en cinco años. Ahora, con Alberto Gamero (y en 2019 con Jorge Luis Pinto) la idea ha sido retornar a los técnicos colombianos, sin alguna explicación clara o un cambio decisivo en el proyecto (previo a la llegada de Gamero, la baraja de opciones para el banquillo azul comtemplaba también técnicos extranjeros).

Todo lo anterior, a pesar de sus contradicciones, se ha realizado bajo una idea general: que el técnico elegido sea la mayor inversión del equipo.

Gamero viene de comandar un ciclo exitoso con el Deportes Tolima, no solo por lo que obtuvo (una Copa Colombia y una Liga, la segunda del Tolima en su historia) sino, fundamentalmente, por su capacidad de competir de manera permanente, a pesar de tener que conformar un equipo con diferentes nombres cada semestre.

Por eso, y porque se trataba de un sueño postergado para el samario, su llegada generó un grado de expectativa alto en el ambiente cercano del embajador. Hinchas, periodistas y directivos han coincidido en algo: que Alberto Gamero es el técnico a la medida para Millonarios, porque ha convivido con el entorno, sabe de su historia y tiene el conocimiento táctico necesario para dirigir a un club con tantos intereses en juego.

Sin embargo, el inicio de su ciclo ha sido arduo. En materia de resultados, acumula cinco partidos oficiales dirigidos de los cuales ha perdido dos, empatado otros dos y ganado solo uno.  En Liga, aún no ha podido ganar, y se ubica en la posición 18 con dos puntos.

En materia de rendimiento y de juego, el panorama es paradójico: se ha visto un equipo que tiene una capacidad propositiva de variantes para generar opciones de gol, pero que no ha podido materializar esas opciones. Entre tanto, el promedio de posesión de balón es de 59,2% por partido, y el de remates al arco es de 5 por partido. Ha convertido 7 goles y le han convertido 9. En promedio, le rematan 4 veces al arco por partido.

Su problema principal ha sido la dificultad de construir un sistema defensivo sólido. La hipótesis principal que puede explicar esta realidad es la ausencia de jerarquía y confianza en la defensa. Eso explica que la mayoría de los goles (9) que ha recibido el equipo albiazul se deban a errores individuales o conceptuales que han tomado mal parado al equipo en alguna de las fases del juego (recuperación o creación). Sufre mucho en el retroceso Millonarios, principalmente, en el contragolpe de sus rivales. La lesión de Luciano Ospina, defensa central que llegó como refuerzo para esta temporada, ha agravado la situación.

Estas dos falencias (en ataque y defensa) tienen una relación directa y se sustentan a la vez en una deuda que agobia al equipo embajador desde hace ya varios años: la poca inversión para la contratación de refuerzos de calidad.

Actualmente Millonarios cuenta con una nómina de pocas variantes. Para este semestre llegaron seis incorporaciones (tres defensas, dos mediocampistas y un delantero) con el objetivo de intentar suplir a los ocho jugadores (cuatro defensas, un mediocampista y tres delanteros) que dejaron las filas azules la temporada pasada.

La comparación es desequilibrada, no solo en números sino también en calidad, teniendo en cuenta que los jugadores que dejaron el club estaban consolidados y algunos de ellos eran habituales titulares, como Luis Payares, Jair Palacios, Alex Rambal, Felipe Jaramillo y Juan David Pérez.

El principal problema recae sobre la repetición de este factor a lo largo de los años. Millonarios ha invertido, muchas veces, de una forma desequilibrada en la conformación su equipo profesional y los efectos se terminan por ver en el rendimiento de sus actuaciones. Ya pagó el precio, recientemente, el profesor Jorge Luis Pinto, que hizo un trabajo estratégico y táctico sobresaliente, que se vio truncado por falta de jerarquía en su plantel, y terminó con su salida del equipo sin poder terminar su obra con un título.   

La idea del proyecto embajador tiene un componente muy bueno, pues sin técnico no hay idea, pero le falta todavía una parte fundamental sin la cual va a ser muy difícil alcanzar las metas propuestas: la calidad de las piezas.     

Luis Carlos Proaños

Periodista por vocación. Hincha de las causas perdidas y del fútbol de antes. Como Fernando Palomo, creo que coincidir con tu subjetividad no me hace objetivo y que pensar distinto no nos convierte en enemigos. Editor general de Contragolpe.

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