El fútbol que mira para otro lado

Esta semana, el jugador colombiano Sebastián Villa compareció ante la fiscal Verónica López en el proceso por “lesiones leves calificadas por el vínculo y por tratarse de un hombre contra una mujer (su expareja Daniela Cortés) mediando violencia de género en concurso real con coacción agravada“. En la audiencia se definió que Villa no irá a prisión preventiva y que no podrá salir de Argentina mientras dure el proceso judicial.

Aún no se han establecido responsabilidades penales y parece que el proceso se extenderá por un período largo. Mientras tanto, Boca Juniors, club al que pertenece Villa, sólo se ha pronunciado públicamente una vez, a través de un escueto comunicado en el que afirmaba que «el Club ya estaba en contacto con los abogados y representantes del jugador para profundizar sobre el episodio y tomar las medidas que correspondan». Ni una sola mención al estado de la mujer que hizo la denuncia, ni una postura de rechazo a las violencias de género que son tan presentes Argentina (en donde las denuncias por este flagelo social aumentaron un 39% en tiempos de cuarentena y en donde este año ya se han registrado 19 feminicidios) y en el mundo contemporáneo (en el que se estima que el 35% de las mujeres ha sufrido violencia física algún momento de su vida).

No se trata de un hecho aislado. De hecho, la postura de Boca está en la misma sintonía de la mayoría de clubes de fútbol profesional argentino cuando se han presentado casos de denuncias relacionadas con violencia de género. Se trata de un fútbol contradictorio, que ha avanzado en la creación de protocolos de acción, pero que, como enuncia el periodista argentino Fernando Vergara , “no sabe -o no quiere- reaccionar ante estos escenarios. Y la AFA, claro, tampoco “. Actualmente, solo 6 -Vélez, Rosario Central, Huracán, Racing, San Lorenzo, Newell’s- de los 24 clubes de primera división han creado protocolos de actuación ante estos escenarios.

De los 13 casos recientes de denuncias por hechos de violencia contra la mujer en el fútbol de ese país, 5 colombianos- Edwin Cardona, Frank Fabra, Wilmar Barrios, Rafael Santos Borré y Sebastián Villa- han estado involucrados. En todos los casos, los clubes han evitado asumir cualquier postura pública. Incluso en el caso de Cardona, Fabra y Barrios su club prefirió, por debajo de cuerda, silenciar los hechos y ofrecerles abogados a los jugadores. Boca, por su parte, creó un departamento de inclusión e igualdad y coordinadora del área de género en 2019 con su nueva dirigencia. Sin embargo, al no tener un protocolo de acción, ante la situación de Villa no realizó ningún pronunciamiento.

Hace seis meses, el fútbol femenino de Argentina hizo pública la campaña “El Equipo Incompleto” en el Día Contra la Violencia de Género.

Se trata de un fútbol en el que muchos de sus actores prefieren mirar de costado: institucionalmente esta realidad corre de atrás y con indiferencia, desde el periodismo no existe un rechazo contundente y la hinchada no ha unificado una línea de repudio. “Todos están inmersos, los dirigentes que silencian, que no denuncian ‘porque a los cracks les bancamos todo’, pero también el periodismo con ese lenguaje de guerra, en especial el periodismo hegemónico que es muy machista, los hinchas… Hay todo un sistema que legitima que en el fútbol se toleren determinadas prácticas” le explicó la socióloga, experta en deporte, Julia Hang al periódico Página 12 sobre el papel de los actores.

Reflejo cultural desde siempre, el fútbol no deja de traslucir que su entorno continúa siendo machista. Mientras, la Argentina del pañuelo verde exige la aplicación integral de la Ley ‘Micaela’ que promulgó la capacitación obligatoria en el tema de género y violencia contra las mujeres para todas las personas con poder de decisión como entrenadores y profesores, otro sector amplio pide que exista una verdadera voluntad política para erradicar definitivamente la violencia de género tanto del fútbol como de todas las esferas de la sociedad.

Entre tanto, los clubes no unifican sus posturas de rechazo unánime frente a los reincidentes hechos de violencia de género por parte de los jugadores propios o rivales, como lo hacen para defender sus dineros y otros intereses políticos. Los episodios siguen repitiéndose y cada vez son más frecuentes. Colombia, por su parte, ya no sólo se caracteriza por vender jugadores de calidad sino que ahora también exporta sus violencias contra la mujer. No debería sorprendernos, hasta algunos técnicos de la Selección, supuestos faros morales para sus dirigidos, han estado envueltos en estos reprochables sucesos sin ninguna sanción penal y siguen gozando de impunidad social; misma situación con algún jugador de selección, así como algunos periodistas y dirigentes que envían mensajes machistas sin filtro, ni repudio por parte de ningún sector de la sociedad.

Definitivamente, afuera terminamos por dejar ver lo que en realidad somos. Acá y allá el fútbol adeuda la tolerancia cero ante la violencia contra la mujer. Acá y allá sigue siendo ese deporte que mira hacia otro lado.

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