La última función del señor diez

Foto: Goal.com

Se lo vio arengando a sus diez compañeros en la boca del túnel de un Monumental que estaba a estallar. Con la cintilla blanca de capitán en su brazo izquierdo, con los clásicos botines de color negro, acompañados de unas medias azules con franjas verticales de color amarillo, puestas en zig zag. Muy eufórico, a los gritos para que los rugidos del estadio no le impidieran comunicar su mensaje de motivación. Al grito de ¡Vamos!, unos segundos antes de entrar al terreno, Diego remarcó su vocación de líder vitoreando a viva voz, sobre la importancia de entrar enchufados, al frente de un joven Óscar Córdoba que ya era dueño del arco de Boca Juniors.

Ese 25 de octubre de 1997, Diego Armando Maradona jugó su último partido como futbolista profesional. No lo sabía nadie en ese momento. Ni siquiera él. Incluso después del encuentro, el mismo había declarado: “Así me dan ganas de jugar hasta después de los cuarenta”. La noticia fue anunciada el día de su cumpleaños número 37, y cinco días después de ese clásico, a través de una radio argentina. “Con todo el dolor del alma, ha llegado el momento de anunciar mi retiro. Se terminó el jugador de fútbol. Nadie está más triste que yo” fue el breve mensaje con el que el diez de Fiorito, a través del programa radial ‘De Una con Niembro’, comunicó la noticia de su retiro. Tras muchas ausencias por lesión y altibajos en su nivel.

River y Boca se disputaban el liderato del Campeonato de Primera División 1997-1998. El equipo Millonario llegaba como primero con 22 puntos, uno más que el Xeneize. Boca llegaba a ese partido con el objetivo de estirar una racha de siete años consecutivos sin perder en el Monumental. Ramón Díaz estaba al mando de River, que hacía un año se había consagrado campeón de la Copa Libertadores por segunda vez en su historia. Héctor ‘El Bambino’ Veira dirigía a ese Boca que tenía a nombres de la calidad de Diego Latorre, de Diego Cagna y de Walter Samuel.

Maradona saltó a la cancha y, en medio de los silbidos de más de cincuenta mil personas, tocó su primer balón con ese gesto tan suyo de abrir el pie izquierdo en un ángulo de 45 grados para darle precisión al pase y elegancia a la intervención. Eran los tiempos de los hinchas visitantes en los estadios, en los que esos cánticos eran un condimento fundamental del folclore del fútbol argentino. Unos diez mil hinchas de Boca hicieron presencia esa tarde en la tribuna Centenario para ser los testigos privilegiados de la función final del señor 10. Antes de iniciar el partido, Diego se acercó al banco de River, para saludar a Ramón Díaz, su cómplice futbolístico en el momento, luego devenido en adversario acérrimo, bajo el lente atento de un mar de fotógrafos que eternizaron el momento.

Su último partido solo duró 45 minutos. Disminuido físicamente por las lesiones y las tensiones que provenían del personaje que había ido edificando con el paso de los años y con la llegada de la fama, esa temporada final estuvo marcada por la irregularidad en el campo de juego. Diego no salió a jugar la segunda parte de ese encuentro debido a una nueva contractura. Para sorpresa de todos los espectadores que aún no conocían la razón de su salida, Veira decidió sustituirlo por Claudio Caniggia. Boca estaba abajo en el marcador producto de un gol anotado por Sergio Berti luego de un pase del ‘Matador’ Salas. Diego Latorre puso el empate al inicio de la segunda mitad.

Saludo entre Ramón y Diego. Foto: Pinterest

Maradona ya compartía plantilla con un joven Riquelme de 19 años. Román también ingresó en el segundo tiempo. Pero no en reemplazo de Diego, como algunos relatos han asegurado. El nuevo 10, que empezaba a destellar en el mundo Boca por su talento, ingresó en lugar de Nelson Vivas. Martín Palermo, otro jugador que se convertiría en ídolo de Boca con el paso del tiempo, puso el 2-1 definitivo para establecer la victoria xeneize, cultivar su sana costumbre de marcar en los Superclásicos y registrar para siempre que el último partido de Diego también fue una victoria. Al finalizar el encuentro, se vio a un Maradona desatado, con el torso desnudo, que regresaba al campo de juego proveniente del vestuario, donde había presenciado la segunda mitad.

Fiel a su costumbre de escribir titulares con sus declaraciones, deslizó una de sus frases legendarias: “Boca jugó a lo Boca y River jugó a lo River. Ellos hicieron un gran primer tiempo, pero en el segundo se les cayó la bombacha”. Maradona también hizo un gesto provocativo dirigido a los hinchas de River antes de perfilarse de regreso para el vestuario visitante. El equipo azul y oro se quedó, momentáneamente, con el liderato de un torneo en el que terminó segundo.

La sospecha permanente de dopaje

En agosto de ese 1997, Diego había dado positivo en un control de doping y su contramuestra, posteriores a un partido que Boca ganó ante Argentinos Juniors. El tercero de su carrera. En consecuencia, el Tribunal de Disciplina de la AFA había tomado la decisión de suspenderlo de las canchas. Pero sorpresivamente el volante fue habilitado para jugar, luego de un fallo del juez Claudio Bonadio que dejaba sin efecto la sanción provisional del Tribunal de la máxima entidad del fútbol argentino. “”Bonadio le ordenó a la AFA que se abstuviera de imponer sanciones al jugador. Y pese a que se dice que a Grondona no le gustó que la Justicia ordinaria interviniera, a través del abogado Agricol de Bianchetti, la AFA se apuró en asegurar que no apelaría la medida” informó Clarín en esa jornada.

Tras cada encuentro y hasta su retiro, Diego debió someterse a una doble prueba de dopaje: la de la AFA, inmediatamente, al finalizar su partido y la del cuerpo médico forense del juez Bonadio, en el plazo de 24 horas posteriores a la disputa de cada juego.

Desde entonces, cada control generaba una cadena de rumores y sospechas que lo tenían a él como blanco. La desaparecida Revista El Gráfico contó que antes del encuentro contra River, Maradona ya había amagado con el retiro si esa situación se repetía. “Mi viejo sufrió un pico de hipertensión por todo lo que se dijo de mi control. Ya lo hablé con él y le hice una promesa: si se repite esto, largo” anticipó el propio Diego.

La semana posterior a ese superclásico fue un hervidero para él y su familia. Los rumores decían que un presunto nuevo doping positivo en el partido le habría ocasionado la muerte a su padre, don Diego. La paciencia de Maradona rebosó. Su propio representante, Guillermo Cóppola, anticipó públicamente que el jugador se encontraba “madurando la posibilidad del retiro”.

Así cuenta El Gráfico lo que sobrevino entonces. “El miércoles 29 de octubre, Diego se reunió con su padre en Villa Devoto. Hablaron largo y tendido ante la mirada de doña Tota, su mamá. Después de esa charla, anunció que se retiraba del fútbol”. Así lo explicó Diego en el programa radial de Niembro: “Me voy, ya no aguanto más. Y este retiro es definitivo. Me lo pidió mi viejo llorando. No puede ser que mi familia sufra tanto con cada control, que la ola de rumores nos envuelva. Me voy, no aguanto más”. Así, lejos del balón que fue su mejor interlocutor y el altavoz que mejor lo tradujo, Diego cerraba un paso glorioso de 21 años por el fútbol profesional.

Los números dicen que jugó 704 partidos, que anotó 360 goles y que ganó 11 títulos. Pero los números no alcanzan, algunas veces no son suficientemente elocuentes. Se quedan cortos para hablar de una de las figuras más importantes que tuvo la cultura popular del siglo XX. Y se quedan cortos para explicar que, tal y como escribió Eduardo Galeano, los dioses, por muy humanos que sean, nunca se jubilan.

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